miércoles, 21 de mayo de 2014

Cuando la soledad llega a casa

Cuando la soledad llega a casa

 En un mundo tan complejo como el nuestro, el mal está en cada esquina y ésta es la gran batalla que a diario libramos los cristianos de luchar con un enemigo tan peligroso y traicionero como Satanás.

Hoy en día a pesar de profesar una fe, de vivir emociones, un cambio y ser trasformados  en nuevas criaturas en Cristo, el mundo no cambia y ni va a cambiar; los que cambiamos somos nosotros y vemos con otros ojos nuestro entorno creyendo que podemos alcanzar más de lo que ya tenemos, lo cierto o es que unos lo logran y otros no.

La necesidad de escribir sobre esto es porque muchas veces vivimos engañados haciéndonos creer que el mundo del cristiano es el perfecto siendo esto lo que a muchos nos ha llevado al fracaso al seguir  esperando a un Salvador que vino desde hace ratos. Quiero recordarles que el estar en Cristo es enfrentarse al enemigo todos los días, pero el que usted gane no depende de Dios sino de usted mismo, porque cuando usted quiere Dios puede.
Con el pasar de tiempo vienen más preocupaciones, cargas y tantas pero tantas cosas que no pararía de escribir si continuo y me refiero a los hijos quienes también traen cargas a nuestra vida, imagínese que tiene que alimentarlos, vestirlos, educarlos y tantas cosas que pueden interferir en nuestra relación con Dios; pero con todo ello me atrevo a decir que podemos seguir adelante, porque no tenemos a un Dios de cobardía sino a un Dios de poder.
Cuando la soledad llega a tu vida también llega a casa y si tu fe no está fundamentada en algo firme  es más  probable que el enemigo  aproveche para entrar a tu vida endulzándote con algo nuevo.

Sabes, cuándo nos sentimos solos, lo que trasmitimos es soledad llegando al punto de no sentirle gusto ni placer a la vida, en esta etapa no hay biblia, no hay oración, ni mucho menos va a querer hablar con Dios y es allí en donde el enemigo se disfrazará de amigo para mostrarte su compañía y mucho cuidado porque lo puede lograr.

Aclaro que  no necesariamente tienes que estar pasando por el fuego  como para que la soledad llegue a casa. Es probable que estés pasando por la mejor etapa de tu vida, con todo ello la soledad siempre puede visitar tu casa. La gran pregunta es ¿Qué tan preparado estás para no dejar que este enemigo silencioso gane la batalla? Quizás no tengas una respuesta si aún no has experimentado la soledad en tu casa. Hay momento en que estamos tan bien, que eso no basta para sentirnos vivos, tenemos tanto que no le sentimos gusto a la vida y es allí en donde podemos perder la batalla.
La soledad se muestra en dos fases de la vida: cuando estamos pasando por el fuego y cuando estas en la mejor fase de tu vida y lo único que el enemigo quiere hacerte creer es que nada es suficiente y que necesitas algo más atractivo para alegrar tu día.
La preguntas es ¿Dónde está Dios cuando la soledad llega a tu vida y a la vida de los tuyos?.
He experimentado este fenómeno muchas veces y aunque siempre tuve cuidado de no abrirle la puerta al enemigo, no es necesario eso para dudar y ver atrás, ¿sabes Por qué? Porque cuando abres la puerta muchas veces el enemigo ya ha entrado y cuando crees que haces bien perseverando mientras te fortaleces de nuevo, el enemigo ya  empezó a trabajar y te está destruyendo.
Mi amigo@ levántate sacúdete el polvo y reprende al enemigo porque aunque no sientas la presencia de Dios, es en ese momento que está más cerca de ti con el mismo poder para animarte. No permitas que tu pasión por Cristo se convierta en una necrosis espiritual, de lo cual hablaremos en otro artículo.

No te equivoques que solo un amigo no basta para darte apoyo cuando te sientas solo, necesita clamar y acercarte a Dios, buscar cada día más de él y a pesar de sentirte mudo, sordo y ciego cuando la soledad llega a casa tu única respuesta está en Cristo imagínate que si el enemigo trató de confundir al señor después de haber ayunado, cuanto más tratará de derribarnos sabiendo que  aún estamos dando nuestros primero pasos.

Como Sendas de Esperanza apoyamos al desvalido, al desanimado, a aquel que cree que ya no tiene esperanza de volver a sentirse vivo. Déjame decirte que aquí tiene a un grupo de amigos que no somos perfecto pero si podemos animarte y a sobrellevar las cargas, porque usted y yo no estamos solos, tenemos a un consolador que es el Espirito Santo dispuesto a acompañarnos cada vez que la soldad llegue a  casa.


“Si es algo que no puede tocarte, no puede hacerte daño" entonces no permitas que la soledad te derribe.

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