miércoles, 22 de enero de 2014

ES MI DECISION

ES MI DECISION

Conforme vamos creciendo vamos aprendiendo de las decisiones equivocadas que tomamos, muchos de nosotros vivimos en carne propia las consecuencias de las mismas, quizás estés viviendo un embarazo no deseado por dejarte llevar por el momento, tal vez hayas sufrido un accidente por manejar mientras estabas ebrio, en fin hay muchas cosas de las cuales las consecuencias pueden ser graves o leves, pero la pregunta es ¿De quién es la culpa de lo que te está pasando?

“Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido.  Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto.  Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.” Hechos 5:1-10

En el párrafo anterior podemos leer como una pareja de esposos decidió mentir sobre el precio de una venta, mucha gente relaciona este párrafo con los diezmos, pero yo voy más allá de lo material, sino que la decisión que ellos tomaron, fue la que origino la muerte, así como cuando decidimos alejarnos de Dios, decidimos morir, no podemos culpar a Dios por las cosas que nos están pasando muchas de ellas son culpa de nuestras decisiones, muchas veces nos quejamos de donde estaba Dios cuando se viven las desgracias y el problema no es Dios, somos nosotros que escogemos tener a Dios cerca solo en ciertos puntos de nuestra vida.

Le pedimos a Dios que nos bendiga, que sane nuestras enfermedades, que nos dé un buen trabajo, pero no queremos que esté presente mientras departimos con los amigos, no queremos que se meta en nuestras relaciones personales porque nosotros somos capaces de escoger a quienes nos rodean, la relación con Dios no puede ser a medias, es todo o nada, y esto es lo más difícil de entender, que para ser felices Dios tiene que tener el control absoluto de nuestra vida.

De ahora en adelante ten presente que tu situación actual es por tus decisiones, no culpes a Dios por que las cosas no van como quieres, si no comienza a hacerlo parte de cada aspecto de tu vida no solamente en  las áreas que te convengan, sino terminaras como Ananías y Safira, que ellos decidieron mentir, nadie las obligo e incluso se les dio una oportunidad de decir la verdad y siguieron en su mentira lo cual los llevo a la muerte, cuando decides alejarte de Dios te separas de su cobertura, quedas expuesto a que el enemigo te destruya porque si una vez escapaste de las garras de Satanás, la próxima vez que te tenga a su alcance hará todo el daño posible que pueda hacer al punto de no herirte sino que matarte.

Toda tu vida es tu decisión, desde que te levantas hasta que te acuestas todo es tu decisión, no digas que no tienes tiempo de buscar a Dios, cuando uno decide buscarlo uno hace el tiempo, recuerdo cuando estudiaba en la Universidad, las noches de desvelo era tan frecuentes que ya no me parecían extrañas, pero ¿Por qué buscar a Dios es tan difícil? Porque dejamos que nuestra carne decida que es mejor la cama que doblar rodillas, dejamos que decida que es mejor navegar en internet o ver televisión que leer la biblia, la dejamos decidir que es mejor ir al cine que asistir a la iglesia, concluyo esta reflexión con el siguiente pensamiento “Nosotros somos forjadores de nuestros propios caminos, decidimos la velocidad de nuestro paso y la forma de caminar” Buscar a Dios no radica en tu entorno, sino en tu corazón, así que la relación que tengas con él es tu decisión.


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