viernes, 14 de octubre de 2016

El fuego extraño de los cristianos

El fuego extraño de los cristianos


Y dicen las sagradas escrituras que los hijos de Aarón ofrecieron fuego extraño y Dios les quitó la vida Levítico 10: 1-2

Analizando a profundidad este versículo  vemos como Moisés era una persona que llegó a creer y a tener confianza plena en Dios, pero Aarón era quizás más creyente porque conoció a Dios antes que su hermano por ende sus hijos habían sido educado bajo el temor de Dios.
Como cristianos o hijos de Dios hacemos cosas o actuamos como  extraños y no como hijos de Dios, en nuestra vida cotidiana estamos expuestos al libertinaje porque aunque somos hijos de Dios vivimos en el mundo donde todavía hay pecado, por ello si perdemos la visión de lo que somos fácilmente nos contaminamos de lo que vemos, nos dicen o escuchamos.
Si usted es un profesional al levantarse tiene que pensar que es un profesional y por ende actuar como tal.

El medico al comenzar su día se prepara pensando que como médico tiene que evitar ciertas cosas que le impedirían hacer bien su trabajo, sabe que no debe ingerir  sustancias embriagantes ni drogas porque necesita estar sobrio para atender a sus pacientes.
Un abogado penalista sabe que no puede enfrentarse a su adversario y hacer una buena defensa si no prepara un buen argumento y va seguro de hacer su trabajo.

Nadie que tiene una profesión y al comenzar su día se imagina que simplemente porque es un profesional técnico y especialista en lo que hace todo le va a salir bien, de seguro le va ir mal y quizá al final del día termina con un mal sabor no solo porque algo le salió mal  sino porque lastimó a otros  siendo no el que debería ser, sino un extraño al conocimiento de los demás
Como hijos de Dios sabemos que tenemos que ser luz, intachables, testimonio, guías espirituales y seguidores de Cristo, por ello un verdadero cristiano que huele a oveja, tenemos que ser constantes en lo que hacemos independientemente si llueve o no, si pasa el autobús o no, si mi jefe me trata bien o no, si recibí el aumento que tanto anhelaba, si el resultado de mis exámenes era el que esperaba o no, si tengo o no tengo el trabajo anhelado, per eso así como un profesional piensa en lo que debe hacer para ejercer bien si profesión, los hijos de Dios también tenemos que recordar siempre lo que somos, que hemos renunciado al mundo y eso significa que tenemos grandes enemigos a los que nos enfrentamos día con día, pero si al comenzar el día nos concientizamos que somos hijos de Dios e identificamos lo que tenemos que hacer estoy seguro que haremos que lo que Dios quiere que hagamos independientemente si tenemos o no el mejor de los días.
Pero cuando nos confiamos creyendo en un Dios automático y en un poder sobrenatural que jamás me va abandonar con el simple hecho de creer que porque soy hijo de Dios, él está obligado a que mi día sea placentero y que siempre me va ir bien; es allí que empezamos a ofrecer juego extraño  porque olvidamos que dependemos del creador y hacemos lo que creemos que está bien, mas no lo que deberíamos hacer dejamos de ser luz para convertirnos en piedra de tropiezo, dejamos el buen consejo y empezamos a envenenar a cuanto se nos pone enfrente, es en allí que empezamos a morir porque estamos haciendo lo que no debemos, nos convertimos en extraños ante los ojos de Dios porque nos creemos autosuficientes y nos damos permiso  de hacer u ofrecer fuego extraño y lo que antes era para la gloria de Dios ahora lo hacemos para nuestra propia gloria.
Perdemos la visión de cómo debemos caminar, nos creemos conocedores al punto que ya no oramos con la misma intensidad de antes  o simplemente ya no lo hacemos, nos congregamos por costumbre o por necedad más que por necesidad, ya no hablamos de Cristo porque nos da pena o porque creemos que ya no es para nosotros sino para principiantes en la vida cristiana, nos volvemos como aquellos floreros artificiales que solo sirven para adornar  manteniendo su color y belleza pero no tienen vida ni sirven para nada más que para usar un espacio y están allí hasta que alguien decide reemplazarlos y no me refiero solo en las sillas de las iglesias sino en todo en cuanto hacemos; no somos indispensables en el trabajo, como hijos, como esposos, simplemente porque al ofrecer fuego extraño también morimos.

Un día me dijo alguien que ser hijo de Dios no es fácil, pero vale la pena porque se goza y es muy cierto porque la felicidad que le puede dar un gran montón de dólares no es nada comparado a la seguridad que Dios da cuando es él quien gobierna nuestra vida.

Tómese un momento para para reflexionar si su fuego es un fuego Santo o es un fuego extraño.

Es mi oración que Dios bendiga su vida y todo cuanto le rodea que pueda identificar esos patrones de un verdadero creyente y caminar como hijo de dios y si su fuego es extraño que sea mi Señor Jesucristo quien le permita regresar a ese fuego Santo y que sigamos siendo luz para otros, que cada palabra sea un buen consejo y no que sigamos envenenando  a aquellos que necesita de nosotros Amen.









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