jueves, 19 de febrero de 2015

Aquellos hábitos que no dejan que Dios me bendiga

Aquellos hábitos que no dejan que Dios me bendiga


Todos tenemos malos hábitos cuando estamos solos, cuando estamos acompañados, cuando estamos en casa, con los amigos o en el trabajo mismo. Pero hay hábitos que no son buenos, me refiero a aquellas conductas que nos hacen ver mal ante los demás.
Una mala costumbre es usualmente conectada con creencias y actitudes erróneas y sabe no debemos cambiar nuestras costumbres solamente porque son vergonzosas, insalubres, o porque nos hacen sentir culpable,sino debemos desear el más grande propósito de Dios para que estemos satisfechos.

El cristiano debe saber que las malas costumbres son últimamente problemas espirituales y no debemos dudar en llamarlos pecados y debemos hacer que los medios de la santificación descrita en las escrituras especialmente en la palabra de Dios y la oración sean esenciales para superar las malas costumbres.

Nadie que se hace llamar hijo de Dios debe participar en una mala costumbre o un mal hábito porque como lo hemos hablado antes es pecado; pero el ser humano siempre ha sido racional haciendo lo que cree que le conviene y creemos que si pecamos menos que antes también es bueno … gran error… porque en los hijos de Dios no debería existir pecado; sin embargo vivimos engañándonos por una ola de mentiras creyendo que libremente podemos hacer chistes inmorales y conversaciones inapropiadas sin que Dios se moleste.

Detengámonos por un momento y reflexionemos en que somos diferente al mundo; …pues allá fuera dicen que en nada, porque aunque conocemos lo que debemos hacer no tenemos respeto por Dios, nos sentimos más libres que ellos para pecar y es lo que hacemos. Por ello es que no pasamos de lo mismo, pasan años tras años y no hay cambio en nuestra vida y vemos en nuestro entorno como Dios está bendiciendo a otras personas porque nuestros malos hábitos no dejan que Dios actúe sobre nosotros.

¿Dónde está Dios cuando estamos con los amigos?

Lo corremos porque no somos responsables como cristianos, pareciera que activamos aquellos pecados que fácilmente nos acosan y el hecho que hagamos algo malo habitualmente no nos excusa de nuestra responsabilidad al contrario empeoramos el pecado; entonces debemos de tomar responsabilidad personal por nuestros propios hábitos y reconozcámoslos como pecados para que entendamos que nos tenemos que alejar de ellos.

Nos llamamos hijos de Dios y cuando abrimos la boca es para hablar lo que no deberíamos, hacemos lo mismo que hacíamos en el mundo, Dios nos ha rescatado para que seamos libres, pero estamos huyendo de la tentación y siempre fracasamos porque ya no tenemos poder. No dejemos que nuestros malos hábitos y nuestras malas conversaciones arruinen esas buenas costumbres, porque ningún hábito pecaminoso es difícil de superar para el que cree, después de todo  el Espíritu Santo que mora en nosotros nos conforta mas a la imagen de Cristo ¿y si Dios es por nosotros, quien contra nosotros? (Romanos 8:31), Gálatas 5:16 dice que si andamos en el Espíritu no satisfagamos los deseos de la carne; si usamos los recursos que Dios nos ha provisto por medios de su Espíritu y su palabra, podremos atacar cualquier habito sabiendo que podemos salir victoriosos; pero si tu alimento espiritual no es suficientemente nutritivo no podrás hacerle frente a este tipo de conducta, porque derrotar un mal hábito requiere un cambio de vida.

Pero vamos todos los días al servicio religioso donde nos congregamos y pareciera que sobre nosotros no ha llovido, porque estamos más marchitos que nunca. Pareciera que estamos jugando al arrepentido; haga lo contrario, si va estar solo esmérese por hablar con Dios, o aliméntese de su palabra; si va estar acompañado busque el momento propicio para testificar con sus buenas actitudes; sino está seguro que lo que vaya a decir edifique mejor guarde silencio, porque muchas veces cuando hablamos nos evidenciamos de lo que somos y florece esa genética de pecado que hay en nosotros.

Una de las virtudes que he aprendido de otros es que cuando hablamos nos damos a conocer y cuando hablamos mucho no falta pecado en nuestra boca.

Dios está dispuesto a bendecirnos pero si nosotros no estamos dispuestos a dejar esos hábitos que no edifican viviremos igual sin conocer más de lo que Dios nos puede dar.

Déjese bendecir y dígale Señor estoy listo para que tú me bendigas, ya no quiero seguir ni ser igual, quiero ser diferente, úsame como instrumento de buena nueva para otros, que puedan verte en mí, no dejes que habrá mi boca solo para hablar vulgaridades; no deje que todo lo que vean mis ojos vayan de continuo al mal; no permitas que mis manos hagan lo que más tarde va estar en mi mente lastimando y esclavizándome al mundo; cállame Señor antes que blasfeme contra ti; líbrame de aquellas personas que contribuyen a que te niegue, no permita que mis palabras lastimen a otros, ni mis actos nieguen tu existencia.


Bendíceme Señor y que no me conforme con solo tener vida y a comer lo mismo de todo los días, porque eso también lo tienen los que no creen en ti, déjame brillar en todo lo que emprenda, donde quiera que vaya, que mi boca se habrá para bendecir tu nombre y para testificar tus grandezas, que mis manos se extiendan para glorificarte, que mis ojos se habrán para contemplar tus maravillas y sobre todo aquello que haga y emprenda se vea tu poder reflejado, porque solo así tendré una vida plena y seré agradable ante tus ojos. 

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